El Sol
Historia de El Sol en el tarot: las imágenes primitivas variables, los gemelos de Marsella, y el niño radiante de la Rider-Waite-Smith que cabalga un corcel blanco bajo un sol deslumbrante.

Etimología y Nombre
Del latín 'sol'. El sol era símbolo universal de divinidad, iluminación y poder dador de vida mucho antes que el tarot, y la carta se limita a nombrar ese simbolismo. De entre todos los triunfos, el Sol conoció la imaginería primitiva más variada antes de asentar su forma moderna.
Imágenes Tempranas
El tarot primitivo muestra variaciones considerables: algunas barajas representan un ángel que sostiene un sol, otras un jinete, otras un simple rostro solar. La tradición de Marsella se asienta en un sol radiante con rostro humano bajo el cual dos hermanos abrazados —o, según versiones, un adulto y un niño— se yerguen en un jardín soleado.
Diseño Rider-Waite-Smith
Smith optó por una única imagen jubilosa. Un niño desnudo cabalga un caballo blanco tras un muro bajo, agitando una gran bandera roja. Un sol enorme de rostro humano y doce rayos arde en lo alto, y altos girasoles vuelven sus cabezas hacia la luz tras el muro. El ánimo es de pura claridad y triunfo inocente.
Simbolismo Clave
El sol es la conciencia, la iluminación y la fuerza vital en su cenit; el rostro humano marca la divinidad inmanente en el yo. El niño desnudo es el niño interior, inconsciente de sí y libre; el caballo blanco, la vitalidad pura que lo lleva; la bandera roja, la victoria de la vida sobre la muerte. El Sol es la alegría sin nubes que sigue a las incertidumbres de la Luna.
Entre Tradiciones
El Sol de Marsella muestra dos figuras, leídas a menudo como gemelos o como padre e hijo. Waite las redujo a un único niño triunfante. En el Thoth Tarot, Crowley asigna la carta al Sol mismo, representa un sol de doce radios con una rosa y un escarabajo en el centro y sitúa bajo él al niño verde Harpocrates, el dios del silencio.
Contexto Cultural
La carta bebe de Apolo y Helios, de Cristo como 'Sol Invictus' y del 'rubedo' alquímico, el enrojecimiento final que consuma la obra. Astrológicamente corresponde al Sol y, por afinidad, a Leo. Como triunfo número 19 es el punto culminante de iluminación de la secuencia: el día claro que recompensa el paso por la noche de la Luna.